Hace unos años publiqué en este mismo medio una lectura del evangelio que me llamó poderosamente la atención, hoy voy a repetir esa acción ya que creo que aplica perfectamente a los hechos que se acontecen a mi alrededor.
Ro 2, 12-23:
Cada uno será juzgado por su conciencia
Quienes pecaron sin conocer la Ley, serán eliminados sin que se hable de la Ley; y los que pecaron conociendo la Ley, serán juzgados por la Ley. Porque no son justos ante Dios los que escuchan la Ley, sino los que la cumplen. Cuando los paganos, que no tienen Ley, cumplen naturalmente lo que manda la Ley, están escribiendo ellos mismos esa Ley que no tienen, y así demuestran que las exigencias de la Ley están gravadas en sus corazones. Serán juzgados por su propia conciencia, y los acusará o aprobará su propia razón el día en que Dios juzgue lo más íntimo de las personas por medio de Jesucristo. Es lo que dice mi Evangelio.
Porque imagina lo siguiente: tú eres judío, y te apoyas en la Ley y te sientes orgulloso de tu Dios; conoces su voluntad porque la Ley te la enseñó, y sabes cómo actuar según las circunstancias...; tú te crees guía de ciegos, luz en la oscuridad, maestro de los que no saben, el que enseña a los pequeños,y posees en la Ley todo lo esencial, y las normas del conocimiento y de la verdad... Pues bien, tú que enseñas a los demás ¿Por qué no te instruyes a ti mismo? Dices que no hay que robar, ¡Y tú robas! Dices que no se debe engañar a la propia esposa, ¡Y tú lo haces! Afirmas que aborreces a los ídolos, pero ¡Robas en sus templos! Te sientes orgulloso de la Ley, pero pasas por encima de ella, de tal manera que deshonras a tu Dios.
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